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En cuanto lo vio, Peter Brantschen quedó inmediatamente prendado de este tranquilo valle, que esperaba pacientemente que alguien lo devolviera a la vida.

En 1994, tras adquirir la finca y sus 11 hectáreas de tierra, el deja atrás Suiza e inicia una hermosa historia con su mujer Isabelle y sus hijos, Tom y Paco.Aunque inicialmente era una casa familiar, la morada se convierte rápidamente en una casa de turismo rural. Abandonada durante largo tiempo, la familia se enfrasca en su restauración dedicando una atención especial a los detalles y a la distribución de los espacios. En el pasado, la vivienda principal había estado protegida por grandes muros pero en el interior de la casa la comodidad era más bien rudimentaria…

En cuestión de varios años, Peter e Isabelle restituyeron el alma al lugar, recreando una decoración donde lo antiguo se funde con lo contemporáneo. Todo un ejercicio de buen gusto, que sólo fue posible gracias a su arrojo y entusiasmo por dar preferencia a la ecología y al respeto de la arquitectura tradicional.

Desde entonces, el arte de acoger a la gente no puede entenderse si no va de la mano de una naturaleza generosa y cuidada.
La “permacultura” (ver “agricultura), la energía solar, la depuración de las aguas residuales con plantas, la recuperación del aguas pluviales, la elección de materiales ecológicos y de calidad conforman la filosofía de vida y el objetivo principal que este matrimonio se había propuesto para este ambicioso proyecto.

El marcado gusto por otros lugares y otras culturas se manifiesta también a través de toques sutiles en la decoración de la casa, recorrida por una nota de frescura y libertad: casita de inspiración marroquí, pequeños apartamentos de estilo mexicano o indio. Impregnada de sencillez y encanto, cada espacio es independiente y dispone a su vez de una pequeña cocina totalmente equipada, con cuarto de baño, elementos que proporcionan un confort auténtico y armonioso.

Los gatos se dejan arrullar por el sol en los umbrales de las puertas, los pájaros chapotean y las ranas croan alrededor de los estanques y, sin embargo, no hace mucho tiempo, los alrededores estaban invadidos por la maleza.

Tras 27 años de un largo letargo en el que únicamente la presencia de las ovejas proporcionaba un ritmo al paso de las estaciones, se ha procedido a la limpieza de las terrazas, la poda de los árboles o a la reparación de los viejos muros de piedra. El "Mandala", jardín impregnado de fragancias, fue concebido con una geometría deliciosamente añeja. A continuación, surgió el huerto biológico, que se erige como una promesa de abundancia y delicias.

Una gran cantidad de árboles frutales y otras especies fueron apareciendo una tras otra, no solo para embellecer la naturaleza. Se alcanzó la cúspide de la voluptuosidad campestre con la llegada de la burra Titane y de su cría Sidi. Gallinas, gallos, patos y ocas comparten vivarachos esta felicidad.

Defensor ardiente de la protección de la naturaleza, y desde hace poco, refugio de animales salvajes, puesto que la caza está prohibida, la metamorfosis discreta de "Can Martí", al norte de Ibiza, conjuga con maestría todo el deleite de la hospitalidad, mientras va acumulando sueños hechos realidad.

 

Can Marti - Agroturismo, 07810 San Juan, Ibiza.
tel: 00 34 971 333 500 fax: 00 34 971 333 112
info@canmarti.com

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